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NÚRIA RIUS


Si le preguntas a Núria Rius, todo empezó cuando tenía catorce años en la carnicería de su madre. Allí inició su carrera laboral haciendo las mejores hamburguesas del mercado, un trabajo que compaginaba con sus estudios en Artes. Al terminar se decidió por la fotografía y estudió durante cuatro años en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya en su ciudad natal, Barcelona.

Si me preguntas a mí, fue una buena decisión. Como fotógrafa, Núria sabe crear imágenes que transmiten no sólo un mensaje visual sino también anímico y sensible. De manera espontánea explora el mundo a su alrededor y logra transformar los momentos más cotidianos en auténticas historias subliminales de belleza humana. Poco sorprendente, su manera de interpretar la fotografía le ha llevado a ganar varios premios durante su trayectoria laboral, entre ellos Lux Junior, otorgado por la AFP (Asociación de Fotógrafos Profesionales de España), y también el prestigioso Descubrimientos de Photoespaña. Además cuenta en su haber con una impresionante lista de exposiciones realizadas, tanto individuales como colectivas, en ciudades como Ámsterdam, Atenas, Lisboa, Bilbao, Barcelona y, por supuesto, Londres, donde vive y trabaja a día de hoy.

¿Quién es Núria Rius?

Obsesionada del orden y la limpieza. Apasionada por las plantas. Amante de la buena música. Intenta aprender de una vez a tocar el bajo y traspasar por el mundo del jamón, el queso manchego y las hamburguesas caseras en un pequeño mercado. También intenta ganarse la vida como bien puede con la fotografía.

¿Una buena foto se busca o se encuentra?

Creo que ambas opciones. Uno siempre puede crear una imagen mágica a través de la luz, de las sombras y de la composición, pero a la misma vez uno puede estar en el momento y el lugar preciso y de repente encontrar la foto perfecta en sus narices. En realidad siempre buscamos algo con la mirada y a veces encontramos sorpresas sin buscar.

¿Qué podemos averiguar de ti a través de tu trabajo?

Mi forma de vida. Mi día a día. Mi rutina. Mi fotografía es transparente y desnuda poco a poco mi personalidad y forma de ser.

¿De cuál de tus trabajos estás más orgullosa?

Siempre tienes un cariño especial por cada uno, al fin y al cabo son como ‘tus hijos’.
Pero sin duda alguna de la serie ‘Contigo aprendí’ (2005), es de la que me siento mas contenta y feliz. Fue y continúa siendo un punto importante de conexión con mi abuela. Un reflejo a través de la imagen, de la luz, de los recuerdos, de mis sentimientos tras su pérdida.

También has hecho publi-reportajes para marcas como Levis, Wrangler y H&M ¿Hacia dónde va encaminada la fotografía de moda en tu opinión?

Nunca pensé en hacer fotografía de moda. No tengo una gran obsesión por ella. Mi interés por la fotografía es por el retrato y siempre me tomo la moda como un retrato más. Mis trabajos de moda nacieron como diversión, gracias a grandes amigos que me hicieron verla como algo diferente a como la veía en ese momento.

¿Y qué papel juega la fotografía en el mundo del arte?

Para mi uno muy importante, igual como la música, la arquitectura, el diseño, la pintura o la moda, todas y cada una de las disciplinas artísticas. Bajo mi punto de vista, la fotografía, debido a los avances tecnológicos, vive en estos momentos tiempos de grandes cambios. La fotografía 2.0. El hecho de que cualquier persona tenga una cámara de fotos, es más, un teléfono móvil que hace ‘fotos muy bonitas’ infravalora el trabajo del fotógrafo. Pero a la misma vez la tecnología abre sus puertas a su exhibición, el envío y el intercambio de imágenes es mucho mas rápido y esto retroalimenta el trabajo del fotógrafo.

¿Prefieres fotografiar la belleza o el alma del retratado?

Intento fotografiar y captar la belleza del alma del retratado. Ésta es sin duda una de las máximas responsabilidades y habilidades del fotógrafo, especialmente en un retrato. Si sólo buscas la belleza, corres el riesgo de obtener una imagen muy superficial, y si por el contrario sólo te interesa la introspección psicológica del retratado y no cuidas la parte estética, es posible que la imagen quede demasiado densa y oscura.

Hace unos meses cambiaste Barcelona por Londres, ¿qué motivó esa mudanza?

El cambio surgió por temas personales, mi chico vive aquí en Londres, así que por su trabajo era mejor estar aquí. Siempre había sentido una fuerte atracción por esta ciudad, incluso cuando tenía 18 años y no la había aún pisado jamás sabía que era un lugar al que debía ir. Era algo que realmente siempre quería haber hecho. Sentía una relación amor-odio por ella, ya que me transmitía muchas cosas positivas pero a la vez algunas negativas y quería vivirla para exprimir cada una de sus cualidades.


En tu opinion, ¿qué es lo mejor y lo peor de cada ciudad en términos de la escena artística y cultural?

De Barcelona me quedo con muchísimas cosas, amo a mi ciudad. A parte de razones sociales, es una ciudad en la que se respira arte, diseño, creatividad en cada segundo: en las escaleras del metro, dando un paseo por la playa, perdiéndote en sus calles del centro… Sus colores son únicos. Su estilo de vida. Pero sí es verdad que no es una ciudad fácil en ámbitos culturales, no creo que el gobierno ayude a los jóvenes creadores. Ni en el arte ni en la música. Este punto es uno de los que más me gusta de Londres, puedes encontrar música en vivo en cualquier pub, cada día de la semana. Es una ciudad en la que la música entra por cada poro de tu piel. En cuanto a la fotografía creo que esta segunda la tiene mejor considerada y valorada también. O eso espero.

¿Qué tres palabras son, para ti, las más divertidas del mundo?

Y para terminar, ¿tienes alguna anécdota jugosa para compartir con nosotros?

Sin duda una sesión de retratos con Bernat Lliteras (Sofa Experience). La localización era en las afueras de Barcelona, en el exterior de una fábrica de cemento. Como siempre sin permisos y era una propiedad privada. Estaba lloviendo así que esperamos dentro del coche a que mejorara el tiempo. Cuando paró de llover salimos a por el retrato. Para la ocasión Bernat había traído un ‘enorme pene de plástico’ para hacerlo todo más divertido. Al poco rato vino el guardia a echarnos ya que se trataba de una propiedad privada. Nosotros nos hicimos los tontos, nos metimos en el coche hasta que el guardia se fue. Así sucesivamente varias veces, el hombre venia, nosotros parábamos, y cuando se iba empezábamos de nuevo. Al final vino otro guardia que nos había estado vigilando a través de una cámara de seguridad y nos empezó a preguntar que hacíamos allí y nos pidió que por favor le mostráramos lo que llevábamos entre las manos (en este caso Bernat, que intentaba esconder el ‘juguete’). Nosotros que ya estábamos en el coche intentando escaparnos negamos y dijimos que no teníamos nada, pero el chico se empezó a enfadar, yo creo que sospechaba que fuera un arma, y que si no llamaba a la policía, así que al final Bernat me miró, los dos nos pusimos rojos como un tomate y le mostró lo que llevaba. Puedes imaginar la cara del guardia… A mi me temblaban las manos en el volante del coche de la vergüenza.

¡Jajaja! ¡Muchísimas gracias, Núria!

Amelie Malmgren

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